sábado, 6 de enero de 2018

1467 (S 6/1/18) Estoy de los valses de Strauss hasta los mismísimos...

Por si no hubiéramos tenido bastante con el concierto de Año Nuevo desde el Musikverien, Strauss arriba y abajo, y venga Strauss, venga Strauss, nos llevan dos días después al Gran Concierto de Año Nuevo en Zaragoza con 20 piezas, de las cuales 14, claro está, eran del mismísimo Johan Strauss Jr. Y lo que es más, ambos conciertos adobados con cinco parejas, ellos encorsetados, ellas con sedas verdes, rojas, azules, bailando valses por aquí, valses por allá, mano izquierda para arriba, mano derecha hacia abajo, reblandecidos por contaminación de la música blandengue. Y yo os digo que donde esté una sevillana bien bailá, que se quiten las vienesas.
      El concierto de Viena estuvo dirigido el año anterior por el venezolano Gustavo Dudamel que nos sedujo hasta el punto de animarnos a ir a verle de nuevo, unos meses más tarde, esta vez con la Novena de Beethoven, en el Auditorio de Madrid. Este año el concierto de Viena lo dirigió Riccardo Muti que, a pesar de lo dulce, no cayó en la cursi, algo que no pueden evitar las parejas que bailan los valses vieneses…, que por cierto no son originales de Viena sino de los landers de Bavaria y del Tirol del siglo XVIII. Y este concierto de Zaragoza del pasado día 3 lo condujo el ucraniano Mykola Sukach que, sin llegar a pasarse, amenizó los valses con payasadas que nos relajaron al sufrido público del Auditorio maño. Y ya forma equipo con Ara Malikian en su intento de quitarle prosopopeya, en su versión de afectada gravedad y pompa, a la música clásica haciéndola más cercana al público de a pie.
      Lo que no le impidió conducir el Danubio azul, y la Marcha de Radetzky, mejor que lo hiciera el mismísimo Muti.
La soprano bielorrusa Halina Dubitskaya no medía más de metro y medio pero su voz nos elevó a la estratosfera, confirmando que el mejor instrumento musical es la voz humana. Y encima nos hizo cantar a coro con ella la propina del villancico ese de “los peces en el río”.
    Pero lo dicho, lo repito: donde esté nuestra sevillana, que se quite la vienesa.

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